Medio Natural Humanizado

0_7557_1Como fue comentado en el apartado de la vegetación dentro del medio biótico, la serie de los encinares que de forma natural debería ocupar grandes extensiones de terreno, se ha visto alterada por la mano del hombre a lo largo de los siglos. Tal es el caso de la génesis de la dehesa cuyo origen se remontaría en nuestra zona a los siglos XVII y XVIII. Debido al fenómeno de la despoblación durante los siglos anteriores abundaban las grandes extensiones de monte de encinas en la provincia de Salamanca. Estos amplios territorios se dispusieron para la configuración de grandes propiedades adehesadas que se desarrollaron como ganadería extensiva, en lo que se ha denominadomonte hueco. Durante mucho tiempo este tipo de formaciones gozaron de especial protección por la administración debido a su enorme rentabilidad ganadera. Por ello se promovió un mantenimiento de los usos y tratamientos culturales, que con intención o sin ella eran sostenibles desde el punto de vista medioambiental. Muchas dehesas se siguen manteniendo bajo este modelo sostenible en amplias áreas, algunas de ellas cercanas a Alba de Tormes por el sur y oeste. La dehesa es un importante refugio de innumerables especies de flora y fauna y su conservación es perfectamente compatible con el uso ganadero.

Pero algunas de estas dehesas que estaban situadas al norte de la provincia acabaron derivando en explotaciones agrícolas dominantes con una cada vez menor significación de la presencia de árboles. Este hecho se puede observar hacia el norte y este de Alba de Tormes. Así, a partir de situaciones iniciales de monte o bosque mediterráneo, más o menos adehesado, se fue pasando a campos agrícolas con nulo escaso arbolado y dando origen a estepas y pseudoestepas. En el siglo XIX gran responsabilidad en estas roturaciones fueron las desamortizaciones y las derogaciones de las protecciones de las dehesas que habían sido establecidas en el siglo XVIII. Con estas derogaciones se permitió que cualquier particular hiciese en su terreno lo que más le acomodase para las labores agrícolas teniendo libertad en cortar árboles y vender la madera. Este es el origen de las extensiones de cereal y pseudoestepas que se pueden observar al este y norte de la localidad y que sirven de hábitat a innumerables especies de entorno estepario. Tal es el caso de la conocida avutarda, perfectamente adaptada a los ritmos de agricultura tradicional de cultivo de secano.

Las repoblaciones de pino piñonero y pino resinero que han llegado a nuestros días ocupan algunas pequeñas zonas de antiguas dehesas o tierras de cultivo. Se trata de formaciones forestales totalmente artificiales y que deben su origen a políticas de repoblaciones muy extendidas a lo largo del siglo XX en muchos territorios peninsulares. No obstante también constituyen un nicho ecológico aprovechable por la fauna y los hongos.

En los lugares donde la vegetación edafohigrófila debería conformar la serie propia del ecosistema de ribera, también se han realizado una serie de tratamientos culturales a lo largo de los siglos que la han hecho desaparecer en amplias zonas. Las roturaciones realizadas para facilitar el desarrollo de pastos y la agricultura intensiva de regadío, así como la deforestación para la implantación de especies arbóreas más productivas como el chopo canadiense, son algunas de las acusas que han originado este entorno de vega humanizado. El resultado han sido grandes extensiones de cultivos de regadío sobre todo maíz, patatas o remolacha, así como zonas de pastos y plantaciones forestales de chopo canadiense. Al igual que en el caso de los pinares estas manas forestales de chopo pueden constituir también importantes refugios para la fauna. Especial importancia ecológica tiene el mantenimiento sostenible de pastizales y marjales donde la riqueza en biodiversidad vegetal es muy alta.

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